lunes, 8 de septiembre de 2014

~**~


Podrás infligir en mi corazón una herida mortal, podrás cercenar mis alas, incluso podrás sellar mis parpados.

Pero nunca, nunca podrás poseer mi voz, no podrás tragarte mi alma, ni suspirar mi libertad... 

Recuerda, recuérdalo siempre, grávalo en cada uno de los barrotes de tu jaula: Yo siempre volaré más alto que tú... siempre.
miércoles, 9 de abril de 2014

Shaylee



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– Shaylee, ¡¿dónde demonios has metido tu trasero? ¡Tu padre está preocupado! ¡Hace días que no llamas y tienes un teléfono para algo! Está siempre apagado ¡Maldita niña!
Yo separo el teléfono de mi oreja mientras mi madre me grita histérica. Hace semanas que no saben nada de mí así que, bueno, supongo que será normal, aunque a mí me no me importe mucho, nunca he sido una niña de papá, y me agobian muchísimo
– ¡Dile que deje ese grupo de una vez y vuelva a casa!
Genial, papá se une al festival de quejidos y lloros. ¡Joder! ¡Me tienen hasta los cojones! Shaylee vuelve a casa, Shaylee deja ese grupo en el que cantas y ponte a estudiar, Shaylee mete tu culo en el avión ahora mismo o papá te traerá de la oreja, Shaylee enciente el teléfono, Shaylee come bien, Shaylee haz caso a tu tío, Shaylee… ¡¿Qué?! ¡Me vas a gastar el puto nombre! ¡Qué agobio! Odio este teléfono móvil, me estresa la vida, putas tecnologías.
– Iros a cagar los dos de una puta vez y no hagáis que me enfade… porque… ¡Porque es que… es que no me veis el pelo en un puto año! ¡Besos! ¡Os quiero!
Cuelgo el teléfono, que empieza a rinrinear una y otra vez. Saben perfectamente que no voy a poner mi culo en la puta Ginebra, ellos estarán perfectamente allí, con sus lujos y sus mierdas, trabajando en el Large Hadron Collider (Gran Colisionador de Hadrones) pero a mí no me va eso, me gusta mi vida, es un poco ponzoñosa, pero desde luego ¡no seré una niña de papá! Me costó mucho convencerlos de que quería venir aquí a estudiar física nuclear, evidentemente era… una mentirijilla sin importancia, pero aquí estoy. Pago mi alquiler y mi comida con los conciertos que damos, mantengo mi moto y la sopa que traga, esa moto es una glotona, come más que yo y Hanna juntas. Qué cara se ha puesto la gasolina… y bueno, no me da para mucho más pero soy muy feliz con lo que tengo.  Mi guitarra, mi micro, mi voz, mi grupo, mi Hanna, el tío y mi primo, no necesito nada más para ser feliz. Ah… sí… lo necesito a él, pero estoy tranquila porque sé que lo encontraré, lo sé, sin más, vendrá a mí, como en cada existencia que he vivido.
Sid me mira y se echa a reír mientras yo saco mi paquete de tabaco, enciendo un cigarrillo e inspiro humo… tóxico, asqueroso y maloliente humo de cigarrillo, a mamá le daría un síncope. Sonrío.
– ¡Anda, lárgate ya! –digo, tirando de su muñeca y levantándolo del sofá– que te pasas aquí criando malvas todo el día. Hoy te vas a dormir a tu puta casa. Sabes que a Hanna no le caes bien… y llegará en cualquier momento –muerdo el cigarrillo mientras le pongo la chupa de cuero– acuérdate de que mañana hay ensayo. No llegues tarde ¡Y no! ¡hostia! No hay beso hoy.
Sid sale refunfuñando del piso, yo suspiro y tarareando la última canción que compuso Petter, me meto en mi cuarto, en busca de mi guitarra. La desenfundo y me tiro en la cama, abrazada a ella. De repente una luz atronadora me ciega y él, frente a mí, el Eshu Oscuro, sus manos, recorriendo mi cuerpo, encontrando rincones para colarse por dentro de mi ropa. Y yo, riendo, resistiéndome juguetona; soy yo, y no soy yo. Sé que es un recuerdo de otra vida, de otro momento, otro lugar, pero él es él, y yo… soy yo. La sensación de profundo amor me hincha el corazón, encerrada en ese recuerdo que he vivido. Estoy dónde quiero estar. Siempre él, en todas las vidas que mi pequeño cuerpo ha encarnado. He memorizado su cuerpo, su cara, conozco perfectamente sus manos, su manera de tocarme, su forma de besarme, sé cómo subir sus pulsaciones y cómo dejarlo frío, sé cómo enfadarlo y cómo lograr que deje de tocarme ansioso por desnudarme y me escuche.
Es un oscuro, sé que es un rastrero, un encabronado y un egoísta, manipulador, cruel, aunque maté por él, he muerto por él, incluso lo he visto atravesarme literalmente el corazón. ¡Maldito egoísta! ¡Asesino! Me has robado la vida más veces de las que puedo recordar, también me la has salvado, me has herido, me has curado. ¿Qué no haría yo por él? Sí, creo, creo recordar un puñal oscuro que, temblando entre mis manos, entró justo hasta el corazón. ¿Por qué maté mi cuerpo? No recuerdo, pero él fue lo último que vi. Y ahí vuelve de nuevo. Ese salvaje cabronazome robó mi flor en innumerables vidas. Siempre a mí. No, no recuerdo su nombre, pero sé quién es y aunque le joda infinitamente sé que me quiere y que lo encontraré de nuevo, en esta vida o en la otra.
El teléfono móvil  me arranca del flashback y descuelgo atolondrada.
– Shay, tus padres están muy preocupados, quieren que vuelvas a casa, estudies… y te dediques a ser una adolescente normal.
Es el tío abuelo Klanky Muelashierro, pero corto en seco sus palabras, porque me aburre la misma cancioncita.
– Bla, bla, bla… lo de siempre. Yo no quiero estudiar, me gusta mi guitarra, mis altavoces, mi micro, mi grupo. ¡Dejadme vivir de una puta vez! –sonrío, tranquila y feliz, en realidad me gusta que todos anden escandalizados con mis idas y venidas. Dime, tío, ¿Bozz tiene algún trastito nuevo? Cuando puedas dale mi número de ahora, ¿eh? El último me lo robaron en el Vicious… Bueno, vale, miento como una Pooka, lo tiré al cagadero, estaba hasta los ovarios de que sonara y sonara, así que no se me ocurrió mejor idea.
Klanky ríe a carcajadas, adoro a este hombre, jamás me bronquea, haga lo que haga, suelte lo que suelte por la boca, me llama, dice que escupo muchas palabrotas al día.
– Ya… y el anterior acabó en la batidora, el otro en el microondas. De verdad, Shay, no entiendo cómo Hanna te soporta.
– Tú también me soportas.
– Pero ella es humana.
– Sid también y me quiere, o más le vale a ese estúpido engreído.
– Bueno, le daré tu número nuevo, pero haz el favor de tranquilizar a la histérica de tu madre o vendrán de visita ¿Y sabes a quién vendrán a molestar? ¡A mí! ¡Arréglalo! ¿Entendido?
– Sí, sí, sí… bla y más bla. ¡Acuérdate! Que hace días que no lo veo y aunque es un jodido gruñón, que se pasa el día escupiendo mierda por la boca y protestando, sabes que lo quiero, me deja explotar cosas…
Y sin más cuelgo el teléfono, estoy trabajando en un micro con un nuevo efecto. Los humanos no habrán escuchado nada parecido en su vida, quiero lograr esa voz. Hace poco me sobrevino el flashback de una quimera que hablaba y su voz… era hipnótica. Quiero conseguirla, quedará increíble en la canción que ha compuesto Petter.
Escucho las llaves de repente, es Hanna que ha abierto la puerta. Ella… es una soñadora, como Sid. Son mis dos luces en medio de todo el torbellino de colores que es mi vida. Pase lo que pase, ella siempre sonríe y me abraza, habla y habla sin parar de sus sueños, de sus anhelos, de sus expectativas. Y yo adoro escucharla de la misma manera que ella adora escucharme cantar.

A la mañana siguiente me levanté muy temprano, dejé café hecho, sé que a Hanna le encantar levantarse con el extraño olor del café quemado, así que lo dejo hervir un poco más de lo debido y me marcho.
Ensayamos una y otra y otra vez. Por la noche teníamos un concierto y necesitaba que todo saliera bien. Últimamente algo me tenía preocupada, hacía mucho tiempo que no soñaba con él, que ninguna visión me lo traía de vuelta y eso no podía soportarlo. Echar de menos a una persona es ya difícil de por sí, pero echar en falta un recuerdo es una puta y jodida tortura de mierda. De alguna manera él es el motor de mi universo y aunque sé que el destino me lo traerá odio no poder verlo durante semanas, odio la sensación de no tenerlo cerca, ni siquiera en forma de pequeño flashback. El tío dice que eso es peligroso, que si tan segura estoy de que vendrá a mí no debo preocuparme, ni sentirme impotente, ni triste. Pero él no me entiende, así que esa misma noche, después del concierto, lo busco, a sabiendas de que no está aquí. No puedo tenerlo, no aún, pero puedo tener sus labios, puedo tener sus ojos y sus manos. Puedo tener un pedacito de él que me ayude a sobrellevar la espera.
Cuando el concierto termina me aseo un poco, vuelvo a pintarme los labios de rojo y busco la barra. Sobrevuelo con la mirada a todos los que se cruzan conmigo y, finalmente, me siento en uno de los taburetes. Al mirar al frente, ahí están, sus hoyuelos, su sonrisa, al otro lado de la barra, preguntándome qué quiero tomar.
– Quiero tomarlo todo –es lo que contesto, no tengo ganas de tonterías hoy, así que voy a lo rápido y fácil.
El chico me sonríe, me escruta con la mirada durante unos instantes; yo clavo mis ojos en él, decidida a buscar el recuerdo que quiero.
– En media hora salgo, me sirve cualquier bebida. Por cierto, bonita canción –de nuevo, su sonrisa de Él, en este chico.
– ¿Cuál de todas?
– La última.
Yo lo recorro con la mirada y me enciendo un cigarrillo.
– Ya veo…
Sigue trabajando mientras me hundo en el vaso. Por una parte sé que no está bien utilizar así a los humanos, yo quiero al oscuro, no a ellos. Pero por otra, no importa, no importa porque hoy tendré mi recuerdo, sí o sí, si no viene a mí, lo sacaré a caderazos. En cuanto entramos por la puerta de mi casa y los esponjosos, carnosos y tiernos labios del chico me besan, cierro los ojos: ahí está Él, el mío. Al que yo quiero, Él es bastante más alto, más corpulento, más pasional, infinitamente más hábil y brusco. Sus manos siempre me encontraban, conocían todos mis puntos débiles y los explotaba. Pero nada de eso importa porque éstos son sus labios y son míos hoy.
El de la sonrisa me dura poco o nada, apenas unos días, los suficientes para sentir a mi Oscuro y los necesarios para darme cuenta de que esto no lleva a nada si ninguno de ellos es él. Siempre lo mismo, nunca es él, parece como si hubieran repartido sus pedazos por diferentes cuerpos humanos y… ¿Y si no lo encuentro esta vez? Algunas veces, cuando ellos se marchan o yo los echo a patadas de mi vida, me sumerjo en mi música y canto, canto hasta quedarme afónica. Una cosa es saber que éstos chicos no llegarán a nada conmigo porque son fragmentos incompletos y otra muy diferente es sentirlo cada vez que no funciona. Cantar hasta la afonía me anima.
Hanna y Sid me ayudan a pasar el decepcionante trago que suele durarme unos días; pero esta vez no funciona. Dejar atrás al de la sonrisa me cuesta, cantar no me sirve de nada. Adoro sus labios. En un intento desesperado por animarme me presento en el rincón de Bozz para molestarlo un rato. Siempre tiene cosas curiosas que probar y hacía algunas semanas que no aparecía por allí. Tenía ganas de estar con alguien que, de una u otra manera, me entendiera.
La noticia de que Bozz se marcha me deja una sensación extraña, se va a Florida, sin más. Yo lo miro mientras me lo cuenta, le hablo de mis tonterías y él me habla de las suyas.
Llegué tarde a casa aquella noche, pensativa, más pensativa de lo normal. Que Bozz se fuera  no es que me preocupara demasiado, sabía que necesita un cambio, y que le vendría bien, últimamente farfulla más de lo normal, pero había algo que no terminaba de cuadrarme. Al entrar dejé la guitarra al lado de la puerta  y encendí otro cigarrillo; sentada en el sofá, quedé pensativa durante un rato largo hasta que Hanna me interrumpió con la cena hecha. Se sentó a mi lado y empezó a contarme las ideas que tenía para un nuevo cuento. Yo recuerdo que sonreí y quería prestarle atención, de verdad que sí, pero de repente el viento sopla, y lo veo, lo veo como tantas veces lo he visto: una pequeña casa, unos veloces y seguros pasos, llega hasta la pequeña casita una piedra que, guiada por su mano, cae dentro de la ventana iluminada.
Sus cabellos negros y ondulados se derraman por el alfeizar de la ventana, sus ojos lo buscan, saben perfectamente de quién es esa piedra que la llamó. Y ahí está Él, tras la sombra, sonríe al verme, lo sé. La conversación que mantienen me aterroriza. Lo veo, al fin, después de tanto tiempo puedo verlo ahí, hablando con conmigo, tan serio cuando me recoge bajo la escalera, serio cuando caminamos y nos apartamos un poco de casa, y yo tan preocupada, lo veo cerrar los ojos, busco sus latidos. Y Él, tan frío; sus ojos verdes, su voz. Y, de repente, vuelvo a Hanna y me doy cuenta de que dos lágrimas me acompañan. ¿Qué quería decirme? No, no puede ser. ¿Me estaba dejando? Bozz acude a mi mente y sobre todo Florida, no puedo quedarme aquí, así, esperando a que el recuerdo completo me llegue porque nunca llega, nunca llegan completos. Me voy a la cama, convencer a Bozz para que me deje acompañarlo será una puta Odisea y más aún cuando dijo que quería unas vacaciones de todo, ¡“todo”! Eso me incluye a mí, por supuesto; imagino que estará hasta las narices de mi parloteo, y del Oscuro y de la guitarra.
No puedo quedarme aquí, simplemente no puedo; no duermo en casi toda la noche repasando ese momento una y otra y otra vez. Me levanto y hago la maleta a toda prisa, me pinto los labios de rojo y abandono el cuarto, decidida a enfrentarme a lo que venga, ni si quiera llamo a Sid para decirle que me voy con mi primo de vacaciones, tengo prisa así que dejo una nota en la que ni siquiera especifico dónde voy pero en la que le aseguro que volveré, le doy un abrazo a Hanna y me marcho.
“Ensayad, cabrones, cuando vuelva quiero canciones nuevas
¿Me lees Petter? ¡Eres un perro! ¡Escribe!
Os quiero.”
Me planto en el aeropuerto, con mi mochila lista y mi mejor sonrisa, empieza la puta Odisea.
- Vale… vale…
Empiezo a hablar nada más verle la cara a mi primo, que es toda una oda al fastidio absoluto.
 – Siento joderte las vacaciones, de verdad, pero no puedo pudrirme aquí, no puedo, no puedo dejarlo así. No te molestaré, yo dormiré en el sofá, o en la puta bañera si hace falta, o en el suelo, con cucarachas, me la suda todo. Tengo que ir... no te molestaré, seré... ¡una cabrita invisible! Como si estuvieras solo, ¿sí?
La sonrisa fingida se borra de mis labios y de mi semblante se apodera un gesto triste y preocupado.
– Ayer al volver a casa lo vi, no a cualquiera de los clones que yo me invento, no, no. Era ese cabronazo, el muy hijodeperra me estaba dejando, me estaba dejando plantada, yo tenía una prueba de un vestido y él quería decirme algo… Traía una cara de muerto que no te imaginas… y yo estaba nerviosa y… –respiro, tomando aire y suspirando, me echaré a llorar si le sigo dando vueltas–. ¿Por qué es todo tan difícil? Yo… tengo que ir, tengo que ir contigo.
Me siento muy angustiada en ese momento, no hay nada más importante para mí ahora, y parece que Bozz lo ve porque finalmente  nos largamos, no me echa a patadas del aeropuerto, lo que es un logro.
– Abre la puta boca de una jodida vez y empieza a disparar qué coño te pasa. Cuéntame tus mierdas… yo te cuento las mías. ¿Sí? Dispara… Venga Bozz, no seas cafre… ¡Venga!
Pero nada: silencio. Muy bien, es un cabezón, quiere silencio, pues silencio tendrá. Me cruzo de brazos, me pongo música y el resto del camino lo paso preguntándome por qué ese malnacido quería dejarme, por qué coño estaba tan serio y de qué quería hablar. No, no, no, a mí no se me deja por flashback. Dios, qué jodido es esto de tener una relación con mil recuerdos a la vez, esparcidos por mil vidas, esparcidos en el tiempo, no hay línea temporal, no hay un solo Él al que sujetarme, hay muchos.
Nada más salir del avión enciendo otro cigarrillo, normalmente no suelo fumar tanto, pero ese flash me ha dejado muy inquieta.
Llegamos a Tampa de noche, y yo sigo callada, hundida en ese flash que me lo devolvió y se llevó toda la ilusión consigo. Camino cabizbaja y pensativa arrastrando los pies hasta el autobús y cuando el trayecto termina dejándonos en el centro de Tampa, lo mismo. Algo extraño en mí, yo suelo estar feliz y alegre, suelo ilusionarme por cualquier tontería y parlotear sin parar, pero ahora no tengo ganas.
Miro a mi primo, manteniendo la promesa de ser una cabrita invisible y me encojo de hombros antes de seguir arrastrando los pies por el suelo. Pasamos del bullicio central de Tampa a un barrio marginal en el que algún hostal de mierda nos espera.
Estamos llegando cuando una masa enorme de músculos nos interrumpe. Vamos, un Troll de toda la vida, seguido de toda una ristra de gentuza. Genial. Viendo los que son y cómo han aparecido, nos toca callarnos como putas y dejarnos robar, son muchos, muy feos y muy chulos.
– Pues viendo lo que llevamos y a dónde nos dirigimos, no sé qué coño quieres sacar. Miro a Bozz de reojo, estoy acostumbrada a los típicos matones, pero esto es otra cosa. Intento no parecer asustada– ¿Quieres mi puta ropa? –pregunto con fastidio ofreciendo mi maleta–. ¿Por qué no os largáis a las zonas de pijos de mierda? Seguro que encontráis algo mejor.
Me rasco los bolsillos, en los que llevo poco más que cuatro monedas y algún billete, el teléfono móvil… en fin, las cosas de “menos” valor, porque de valor como tal no llevo nada.
No pienso darle mi guitarra. Me moriré sin ella, me derrumbaré sin poder tocar algo y cantar una miserable canción. No se la daré y me da igual que me den de hostias. Todo menos mi guitarra.
- Que chica más lista, si no en vano los sátiros son poetas y filósofos, a los niños pijos dice, que buen chiste, seguro que es humorista – la cosa horrible con dientes afilados ríe con sorna. – Pues mira, ya que la ofreces tan amablemente, nos la quedaremos, sí, que no se diga que somos unos maleducados. Bueno, ahora tras esta patética escena, dadme ya todas vuestras cosas, y si, con todo me refiero a maletas y – la cosa se rasca el mentón y sonríe de nuevo de forma oscura – vuestros zapatos... si, me gustan... tiene pinta de estar deliciosos.
Sinceramente me la suda mucho lo que esta subnormal de los cojones  pueda pensar de mí. Sin embargo hay algo que de repente llama mi atención. De la oscuridad que nos rodea sale un muchacho escuálido, vestido de negro totalmente, su nariz y sus labios cubiertos no me dejan verlo bien sin embargo, lo sé y en el instante en que estoy segura de que es un Eshu el corazón se me acelera. Es… es como él… esto  debe significar algo, aunque esté obedeciendo a la de los dientes y quiera robarme la maleta.
No puedo… no puedo aparta mis ojos del muchacho, sé que no es Él, pero, tiene algo que… lo contemplo con ternura, como si de repente mi Eshu fuera a salir de ahí dentro. Es estúpido y extraño, lo sé, pero es que lo echo tanto de menos… Necesito verlo de nuevo y abrazarlo, y respirar ese olor a Él, tan único, tan Él. Sobre todo después de la última visión que tuve, la visión que me ha traído aquí, en busca de alguien que sólo habita en mi memoria, de una forma despedazada y cruel, alguien me que llega a retazos y del que ni siquiera el nombre recuerdo.
Mis ojos se pasean por sus ojos negros, que me devuelven la mirada. Mataría por que fuera Él, le daría mi alma a esa que todo se lo come y que tanto grita ahora, si a cambio el tiempo me lo devolviera un instante.
Frunzo el deño mientras lo miro ¿puede ser que…?  algunos recuerdos borrosos acuden a mí, el corazón me da un latido de amor. Lo veo frente a mí, a Él, en una situación parecida a ésta. Recuerdo que él estaba en el bando contrario, y recuerdo su media sonrisa retadora, su mirada depredadora sobre mi cuerpo, yo estaba sola y ellos eran muchos. Recuerdo sus brazos sobre mí, recuerdo la sangre, la sensación de calidez y salvación. Me salvó y seguro que luego me dejó tirada. Porque siempre me deja tirada, o lo dejo tirado yo a él.
Mi mirada lo atraviesa, lo examina, el Eshu me devuelve sus ojos perdidos en una noche sin lunas ni estrellas. Queda varado en el mar de mis ojos, pensativo como yo y entonces lo veo claro, él no es así, no es como esta gente que lo acompaña, no lo es pero ¿Por qué? ¿Por qué lo sé? Mi mano se desliza por la empuñadura de mi maleta con suavidad, con dulzura. “No quieres estar aquí, lo sé, también sé que necesitas estar aquí de alguna manera, pero tú no eres así.” pienso, aunque no me escuche.

Mis dedos rozan su mano, he ganado terreno en un momento, mientras todos discuten y se enzarza la cosa, yo permanezco en un oasis de confusión y recuerdos turbios en el que mi corazón cabalga por encontrarlo, por salir de aquí sanos y proseguir mi búsqueda.
El muchacho aparta su mano de mi tacto dejándome la maleta para mí sola, me mira fijamente y asiente disimulando. Su voz corcheada sobre un hermoso pentagrama me pide, en susurros, que nos vayamos, que la dentuda fea y cabrona no nos dejará. Yo siento un escalofrío, este muchacho no me conocía de nada y se ha arriesgado mucho para protegernos, le dedico la mejor de mis sonrisas, la más brillante, la más bonita, y voy a contestarle y a susurrarle “Ven conmigo, ven con nosotros, por favor”, pero el chico se pega a mí, finge forcejear conmigo por la maleta y se tira al suelo. ¡Qué ha pasado! ¿Por qué? ¿Por qué arriesga tanto por nosotros? Quiero que venga con nosotros… quiero… quiero… ¡Joder, Shay! ¡¿Estas retrasada?! ¡Venga, coño! ¡Espabila! Este es tu pistoletazo de salida ¡Hostias! ¡Que vives en la parra! ¡El chico arriesgando y tú ahí, queriendo salvar a todo el mundo! Pues no se puede Shay, no se puede ¡Maldita sea!
Lanzo mi magia sobre Bozz, que el pobrecillo no la esperaba y no domina mucho el tema de saltar, tras un momento de insultos e improperios en el que creo que ese troll grande, feo y vomitivo nos va a alcanzar, Bozz salta conmigo sobre sus brazos, pero volvemos a caer. Me agarro con fuerza a mi primito mientras con la otra mano sujeto mi maleta… es mucho peso… nos vamos a…
- ¡Mierda! – suelto cuando veo el suelo prácticamente en mi cara ya - ¡Bien, hemos ganado algunos metros!  Ahora toca correr como si no hubiera un mañana… ¡Oh! ¡Joder! ¡Esa puta con escamas va a alcanzarnos! – le grito eufórica a Bozz.
Me levanto rápidamente y vuelvo a cogerme a mi maleta. Voy a utilizar otro cantrip cuando esa fea escamada va a caer sobre Bozz. ¡Voy a darle a esa zorra con mi maleta hasta que su cerebro se desparrame por el suelo! ¡Lo juro! ¡si le hace el más mínimo daño a Bozz es que no lo cuenta ¡Se queda sin sus dientes asquerosos!
Y de repente, de la nada, surge una figura preciosa. Furibunda me dirigía corriendo hacia Bozz cuando ella apreció. Hebras de pelo negro ondean a su paso y yo la miro fascinada, le da un golpe seco a la cosa fea.
Tras ella dos arqueros aparecen y yo ya estoy muerta de fascinación, intentando aplacar mi ira. Miro al muchacho a intento fijarme si también se marcha. Necesito darle las gracias, y por el gesto de la cosa con dientes sé que volveremos a encontrárnoslos, seguro que ella se encarga de volver a dar con nosotros.
Nuestra salvadora baja la imponente espada y nos mira, tendiéndole una mano a Bozz para ayudarme a levantarlo.
Bozz se pone a bramar, a explicarle las cosas a su manera y blasfemar como siempre hasta que se da cuenta de que es increíblemente hermosa, yo miro a mi primo sonriendo aún con los puños apretados, uno de ellos sigue agarrado a mi maleta violentamente.
Miro a mi primo, tocándole del brazo para ayudarlo a tranquilizarse y sonriéndole a la chica cuando mi primo me presente.
- ¡Oh! ¡Perdona! – Exclamo avergonzada - ¡Muchas gracias por salvarnos! No sé qué nos habrían hecho si no llegas a aparecer. Oye… qué guapa eres... – digo fascinada – ¡vaya espada más chula!
Exclamo, si no expreso mi fascinación reventaré y me siento eufórica y pletórica en éste momento ¡de la que nos hemos librado! Me acerco un paso a ella, y si veo que no se echa hacia atrás o pone algún gesto raro, si veo que es simpática la abrazaré de pura efusividad, dándole las gracias una y otra vez.
Bozz me da un codazo, lo miro de reojo cabizbaja, ignorando ligeramente las palabras de la hermosa mujer?, frunzo el ceño y vuelvo a aminorar mi marcha dejándolos ir por delante. Pero durante un instante fijo mi mirada en la calle y veo los adoquines, las fachadas de las casas, las macetas asomando en los balcones… esos balcones
*
– Yo sólo quería decirte que te quiero, Shay; te quiero con todo mi negro corazón.
Yo sonriendo, yo mirando sus perfectos ojos negros, yo dejando mi mano reposar en su tórax. Mañana ya no habrá vuelta atrás, quizás en esta vida tenga mi final feliz. Sí, en esta vida tendré mis perdices, él está aquí, conmigo, me quiere, mañana será un gran día.
– Y yo a ti.
¡Irrumpe en mi cuerpo de súbito! Corta su nombre. Él sujetándome por la nunca, sus labios tibios inundándome de amor el pecho, tanto que tengo que suspirar. Soy tan feliz que si brillara sería más grande que el sol. Su cuerpo aprisionándome contra el árbol mientras yo río divertida y luego me tapo la boca para no armar escándalo y que padre despierte. Él buscando mis labios con fiereza, mordiéndolos con cariño, con ternura. Mientras yo acaricio su cuerpo con las palmas de mis manos y llego hasta su barbilla, que pincha ligeramente.
– ¡Auch! Oye… tendrás que afeitarte mañana. Te quiero bien guapo, con ese traje y la barba recién jodidamente apurada a ras puta piel… no hagas el desastre.
– Claro que sí mi señora, mi reina –murmura, besándome de nuevo–. Oye… duermes tú muy fresca, ¿eh?
Murmura mientras recorriendo mi muslo con esas manos tan grandes y ásperas que tiene, llega a la rodilla y sube hasta su cintura. Una risa entretenida brota de nuevo de mí y esta vez me tapa la boca, buscando a la vez deshacerse de mi ropa interior.
Su mano sujetándome de la cintura con fuerza.
*
– Esp… –murmuro a Bozz, mientras caigo de bruces sobre suelo.
*
Su mano sujetándome de la cintura con fuerza, sus dedos clavándose en mi carne como garras. Siento mi cuerpo cayendo, me sujeto con fuerza a él, que me mira, frunciendo el ceño, fulminándome con los ojos. Estamos cayendo los dos.
Veo el precipicio a su espalda, él debe ver el fondo. Veo un desvencijado puente. ¿Qué está pasando? ¿Por qué caigo? ¿Es ésta la misma vida? ¿O es otra diferente?
Lo abrazo con cariño buscando seguridad. Si tengo que morir la mejor forma de morir es abrazada a él, no se me ocurre nada mejor. Es entonces cuando siento su mano aferrada a mi cintura, soy consciente de que me sujeta con mucha fuerza, de que me hace daño y me doy cuenta de que en su mano hay una daga y esa daga está incrustada en mi pecho. Me ha matado, este cabrón me ha matado. Busco sus ojos, yo estoy sorprendida y horrorizada pero la Shay de esa vida sonríe y lo mira con parsimonia.
*
Lágrimas corriendo por mis mejillas.
– No, no, no, –susurro mientras las lágrimas van arrastrándose, funestas y dolorosas, por mis mejillas–. Esp… –vuelvo a susurrarle a mi primo.
*
El precipicio, la daga que me ha dado muerte, su mano, grande y fuerte.
– Estoy harto. Ya no puedo soportarlo más, Shay, tenía que hacerlo –su voz grave y rasgada, su voz fría y distante.
Pero a la Shay de mi vida anterior no parece importarle; sonríe tranquila, aunque apenas le quedan unos pocos latidos para morir mientras el corazón se desgarra. Todo lo rojo se desvanece por su cuerpo, incluso manchándolo a él con mi propia sangre. Aprieta el puñal contra mí, y grito de agonizante dolor mientras sigue mirándome con dureza.
– Te quiero –y pronuncio su nombre al fin, lo pronuncio alto y claro… su nombre.
Ésa fue mi muerte la última vez que nos vimos, lo sé, de igual manera que sé que éste no es el lugar en el que debo estar, cuando la última visión que me da el destino es mi muerte a manos del hombre que amo… Algo me dice que no voy por buen camino.
*
Vuelvo a la realidad, las lágrimas van cayendo por el surco que dejaron las más valientes, las que se precipitaron en primer lugar. Me las seco con el antebrazo de la chupa y me levanto del suelo.
– ¡Bozz! Tengo que irme –frunzo el ceño abrazando a mi primo con energía, sin secar mis lágrimas–. No está aquí, no es éste el camino… Te dejo tener unas vacaciones de verdad, sin tener que hacer de niñera. – Cubro esa cara tan bonita que tiene mi primo de besos cortos y cariñosos–. Sé muy malo, ¿vale? Y pásatelo muy bien, ya me contarás cuando vuelvas.
Luego me vuelvo hacia la mujer.
– Cuídalo mucho, ¿vale? Es un gran tipo.
Le doy un último abrazo y dejo un último besito en la frente de Bozz.
– Te quiero mucho, primo.
Cabizbaja y pensativa me alejo del lugar, hay lágrimas que aún arañan el camino salado hasta llegar al precipicio de mi barbilla. Ya sé cómo te llamas, y sé dónde buscarte, tu mano me dio muerte en mi anterior vida ¡Maldito! Tu mano se manchó con mi sangre y yo sonreía tranquila. Más te vale tener una puta explicación para eso porque voy a encontrarte.
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jueves, 9 de enero de 2014

Mi corazon se alegra

 

       ¡Que así sea! ¡Yo no iré a Helheim! Sonrío y suspiro aliviada. ¡Coraje, Verdad, Honor, Fidelidad, Esfuerzo, Cobijo, Disciplina, Confianza y Perseverancia!
      
      - ¡Todos morimos un día! - Río, abro los brazos y miro a la muerte a los ojos, en un rugido fiero - ¡Por el Valhalla! - Espero que mi nombre sea recordado por los que vivan.
      
      Una resplandeciente doncella sobre un caballo alado se acerca a mí; mientras mis miasmas huyen despavoridos de mi cuerpo, mis manos aún aferradas a sendas espadas. Ahora soy etérea, el caballo de la valkiria me lleva al árbol del que todos nacimos. La miro y sonrío, pues ella será para siempre mi valkiria y lo cierto es que le he hecho viajar muy lejos hasta encontrarme.
      
      El Bifrost brilla bajo los cascos del alado rocín, Midgard se aleja rápidamente a nuestra espalda. Yggdrasill... Ásgard y entonces sé que soy una einhérjar, o quizás aún no, eso Freyja lo decidirá. Ante mí, el linaje de mi pueblo. Me llaman, me piden que ocupe mi lugar entre ellos, en los atrios de Valhalla, el lugar donde viven los valientes para siempre.
      
      Veo a Eikþýrnir, sus cuernos gotea tanto rocío, que éste llega abajo hasta Hvergélmir, de él se forman los ríos Sid, Vid, Sokin, Eikin, Svol, Gunntra, Fiorm, Fimbultul, Gípul, Gópul, Gómul y Geirvímul, que corren por donde habitan los dioses; veo a Tyn, Vin, Tol, Hol, Grad, Gunntrain, Nyt, Not, Non, Hron, Vina, Vegsvin y Tiodnuma.
      
      También veo a Heiðrún, de sus ubres mana hidromiel y es él el que llena la cuba cada día; tanto es, que puede saciar a todos los einhérjar. Y ahí está, sobre el Valhalla, el frondoso Læraðr, tan deslumbrante como el oro.
      
      Ochocientas puertas y cuarenta más, tiene el Valhalla. Frente a la más grande espera Freyja, que me observa y decide mientras yo, aturdida por el viaje, la contemplo ¿El Vahalla o Folkvang? Las palmas de mis manos estrechan las empuñaduras de mis armas y entonces decide, da un paso hacia un lado y me muestra la puerta del salón de los muertos; otra Valkiria se acerca a mí y me ofrece un cuerno rojo de hidromiel sagrado, yo lo tomo y bebo, mientras la dama me abraza. Ahora sí, soy una einhérjar y he regresado al río de la inmortalidad.
      
      Entro en el enrome salón, techado está con astas, tejado con escudos, cubierto el suelo de corazas. Hoy lo veo con mis propios ojos. Está repleto de valientes guerreros, tantos que apenas vislumbro los vórtices, sobre las mesas, la carne de Sæhrimnir, jabalí que se come cada día en el salón de los muertos, y de nuevo está vivo cada tarde. Valkirias sirven las mesas y traen hidromiel, también vino, la bebida de Valfodr (Odín), el padre de todos, el que se sienta con nosotros, los einhérjar.
      
      Cada día, después de vestirme, tomo mis armas y salgo fuera del Valhalla, entrenamos, luchamos y morimos unos a manos de otros, gritos de guerra, gruñidos que manan del dolor de las heridas. Morir una y otra vez entre acometidas, sangre, dolor y honorables y merecidas muertes para luego regresar al Valhalla.
      
      ¡Nosotros jamás moriremos! Nos reagrupamos en el Valhalla, los Æsir: Odín, Frigg, Thor, Baldr y Tyr, comen y beben con nosotros. Y moriré en batalla, una y mil veces ¡hasta el día del Ragnarök
lunes, 28 de octubre de 2013
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París, ella, y un par de días es todo lo que necesito. Nunca entenderé cómo, ni por qué pero ella lo consigue, consigue pegar los pedazos, sin preguntas, sin quejas, sin compasión; su risa siempre dispuesta a contagiarme; sus ojos atentos, negros, expectante, observándome, como si nada más existiera; sus labios, susurrantes, carnosos, rosados, me muerden, me besan, me arrastran; su cuerpo tibio, acompañándome, sobre mí, a mi lado, a unos pasos, nunca demasiado lejos; su viola, gritando a altas horas de la madrugada; su piso, situado en La Rue de la Harpe, pequeño, tan pequeño que no tiene puertas, nada más entrar, la cocina a la izquierda y el salón también, el ventanal, la pared, una cornisa a la izquierda y la habitación, el cuarto de baño y la ducha parecen un armario empotrado más… era minúsculo la primera vez que entré, con ella tomada de la mano; pero ahora, ahora es inmenso, o al menos así me lo parece. ~~~~PARA LEER EL EL RESTO DE LA HISTORIA click EN LA FOTOGRAFÍA
"En su texto, el escritor levanta su hogar. Así como acarrea papeles, libros, lápices y documentos de cuarto en cuarto, así crea el mismo desorden en sus pensamientos. Éstos se vuelven muebles en los que se sumerge, contento o irritable. Los golpea con afecto, los gasta, los mezcla, reacomoda, arruina. Para quien ya no tiene patria, el escribir se transforma en un lugar donde vivir."
(Th. W. Adorno, Minima Moralia. Reflexiones desde la vida dañada)
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"De repente me he vuelto pequeñita, tanto que un soplido podría romperme; pero ese soplo nunca llega porque él nunca respira, nunca duerme, nunca escucha; es como un centinela, sabe que sus cosas – las “cosas” de su propiedad - no se moverán. Yo… tampoco me moveré, permaneceré aquí callada, encerrada, con las ventanas y las puertas abiertas."

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