domingo, 17 de octubre de 2010

Una historia real I

Creo que sobra decir que soy Sandra, pero bueno, ahí queda.

Anamnesis
~αναμνησις~
(Prólogo)

En aquel momento el teléfono móvil de Mario vibró en la mesa, un mensaje. Sandra lo cogió sin ningún tipo de reparo, sin siquiera plantearse el protocolo habitual de respeto y de intimidad que guardarían normalmente un par de desconocidos esporádicos como ellos dos.
- A ver qué quiere ahora.
- Eso mismo me pregunto yo. – Respondió él.
- “Necesito hablar contigo urgentemente...te necesito...”.- Sandra lo leyó en voz alta.
- ¿No te recuerda algo? es como "El Perro del Hortelano", que ni come ni deja comer. Me nace de corazón, parece que esté obsesionado con las comidas, ¿no?- Mario empezaba a hacer bromas, eso era buena señal, sonreía, incluso se reía por iniciativa propia, entre la ironía estúpida y la broma mordaz.
Sandra le tendió el teléfono móvil, para que le respondiera. Él la miró, inseguro, el teléfono le temblaba entre las manos:
“A mí me necesitas ¿para qué? No me necesitaste para decidir estar con otro, no me necesitaste para decidir enamorarte de él, no me necesitaste para casi nada. ¿Para que´me quieres ahora? ¿Para no sentirte sola? Creo que no, gracias.”
A lo que ella tardó segundos en contestar:
“¿y si no lo dejo? ¡Listo! ¡Lo dejo!”
Mario leyó aquello último entre susurros y una sonrisa escapó de sus labios:
“Tampoco me necesitarás para esa decisión, Dafne ¿No?”
- Es algo indecisa, se siente sola y necesita otro novio siempre disponible para sus berrinches. – susurró, mirando a Sandra.
- Bueno, todos nos sentimos solos, ese sentimientos siempre está unas veces más otras menos… A mí me gusta estar sola, por ejemplo.
Mario la miraba, esta vez tranquilo, sereno, parecía que nunca hubiera llorado.
- ¿Nunca te han dicho que eres increíble?- la interrumpió sin más.
- Bueno… - Una Sandra nerviosa que aquel chico no conocía despertó de su letargo, lo último que quería era que la conversación se centrar en ella, y menos para ese tipo de halagos que resultaban incómodos y desagradables.
- Imagino que ahora estará llorando, como el otro día. - Mario había reconocido a aquella chica nerviosa que segundos antes no estaba ahí, e intentaba evitarla.
- Creo que ella se lo ha buscado ¡Lágrimas de cartón! – “cruel” pensó, “he sido cruel....” “vamos Sandra, no seas tan sincera, no seas tan tajante…”.
Otro mensaje recibido:
“te suplico que no me dejes...”
Al que él respondió:
“no quiero súplicas, ni lágrimas, quiero pegamento para mi corazón y no creo que puedas dármelo tú.”
Mario tragó saliva mientras enviaba este último mensaje, algo se había atascado en su garganta, algo que no lo dejaba respirar bien.
- Ya no se qué hacer.- Su voz derrotada, sus ojos cansado.
Otro mensaje:
“¿Me odias?”
 “no, no te odio.”
 “sí, sí lo sé, pero te duele…”
- Te duele, claro que te duele. Pero es que ahora cualquier cosa que te diga no va a solucionar nada. ¿Por qué no lo dejas? Por hoy ya está bien- Sandra pensaba en voz alta, él y su sonrisa pensativa.
- Cuanta razón tienes.
- Habla la voz de tu conciencia… - Murmuró ella.
- Eres como Pepito Grillo, pequeño saltamontes. Mira será como nuestra clave secreta, "dame un silbidito" cuando necesite unas palabras tuyas... ¿qué tal?
- Esa ex tuya es experta en marear perdices. A este paso te quedarás sin pulmones, sin perdices y sin blanco corcel y espada reluciente.
- Parecemos dos críos– Mario la miró, ilusionado ante la idea de tener otra niña con la que jugar. - Yo de tantas vueltas empiezo a perder de vista la perdiz y dudo en si no será un elefante de lo grande que es.
- ¡Pues vigila que no te pise! Déjala que llore. –Mario miraba su móvil, hipnotizado, Sandra añadió -  "te habla tu conciencia". – Murmuró entre risas.
– Es verdad… - la sonrisa volvió a aparecer en sus labios pero duró poco, el móvil sonaba de nuevo. Era Dafne ya no se conformaba con mensajes, esta vez quería llorarle al oído.
Mario lo cogió y entre sofocos y gritos Sandra podía escuchar claramente lo que ella le decía.
- Me muero...desde que me dejaste me muero por dentro... Estoy enamorada de ti, cometí un error y lo voy a solucionar... ¡no quiero a otro! – Grito - aún sabiendo que podría seguir aferrándome a él, voy a dejarlo...
- Siempre lo mismo... Puedes “aferrarte” a cualquier otra persona que sea amable contigo… Así que déjame tranquilo.
- Sabes que si me dices que espere lo hago... entiendo que estés dolido y digas todo eso.
Los llantos de la muchacha se escuchaban alto y claro.
- ¡Dafne! ¡No me mientas! Entre discusión y discusión por teléfono ya tenías otro cuando volví. ¡Joder! No me digas que esperarás como siempre porque ya no me lo trago; cada vez que lo dices me dan ganas de mandarlo todo a la mierda. – Los gritos de Mario retumbradon en la cafetería, sus ojos nublados, no se dieron cuenta de que todas las personas presentes en aquel lugar los miraban.
- ¿Me traes una botella de agua? ¡Ah! y la cuenta por favor.- Dijo Sandra en voz baja, el camarero apareció poco después.
- ¿Mario? ¿Quién es?... – La voz, al otro lado del teléfono, ésta vez histérica.
- ¿Qué más da?
- A mi me da...
- Espera que ahora le dan arranques de celos. – las nubes de tormenta que cubrían sus ojos aún no habían logrado derramar ni una gota de lluvia.
- Dime con quién estás.
- Con una amiga.
Sandra no había pensado que quizás esa conversación era privada, que no tenía porqué escucharla. Por primera vez quiso alejarse un poco y no entrometerse: se levantó para esperarlo fuera o quizás marcharse ya, a lo que Mario respondió cogiéndola de la muñeca y tirando para que se sentara de nuevo, su lado.
- Mañana ya estaré sola otra vez Mario... tengo mucho miedo... pero lo arreglaré, lo dejaré con ese chico.
Él apretó la muñeca de la muchacha que aún no había soltado, Sandra escuchaba el llanto de la chica; resopló, cogió el puñetero teléfono y colgó. Aterrizó varios minutos después. Devolvió el teléfono a su dueño y lo miró.
- No me gustan nada estos momentos... me duele y ella lo sabe...
- Sabe que lo estas pasando mal y aun así te llama para que oigas como llora, eso tiene nombre, se llama chantaje, así que apaga el teléfono, y déjalo correr, ya es tarde. Es lo que busca, que te compadezcas de ella.- El chico pensaba, luchando por despejar aquellas nubes grises - ¡Quieres oírme! – De un tirón, la chica soltó la muñeca que Mario aún mantenía aferrada.  -  Sé que te duele verla así pero hazme el favor de ser un poco egoistilla ahora. – Él la miró.
- Sí, mamá... – Las nubes se iban sin derramar su tormenta.
- No me pongas esa cara ¡y lávate los dientes antes de acostarte! – Carcajadas una vez más.
- Los tengo blancos mira – Mario le enseñó sus dientes, que efectivamente estaban blancos. Ambos pagaron y salieron de allí.
Descubrieron que vivían en el mismo barrio, a dos calles uno del otro.
- Eres increíble en serio no sé cómo darte las gracias, te debes de haber aburrido mucho. No te lleves una mala impresión, no suelo contarle mi vida a la primera persona que pasa. Simplemente me recordaste a ella, cuando nos conocimos… y… bueno… Muchas gracias chica increíble. Te silbaré.
- ¡Nada de gracias! ¡Yo me veré recompensada cuando te vea tan sonriente cómo siempre!
- Gracias pequeño saltamontes. Te silbaré si vuelvo a caerme…
Cada uno cogió el camino hacia su casa. Mario no durmió nada aquella noche , salió a despejarse un poco y vagó por las caller durante horas. Sandra durmió toda la noche de un tirón., una vez más, se despertó tarareando una canción. 

Fin del prólogo

2 gota(s) de lluvia ha(n) caido**:

Anto dijo...

Una relación se acaba, ¿y empieza otra? Me intriga saber qué es lo que no quieres olvidar de la historia. Debe ser algo muy importante, para que te hayas decidido a pasarla a papel.

Besos

¢rónι¢αѕ ∂є ∂íαѕ ℓℓυνισѕσѕ dijo...

No, no terminó, aquella relación aún no había llegado a su fin, de hecho creo que no terminó nunca esa relación que Mario y Dafne tenían. Pero no es ese el motivo, ésta no es una historia de amor, al menos no de una pareja de enamorados.

Adoro que seas tan curioso =P

Un saco de besos!

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París, ella, y un par de días es todo lo que necesito. Nunca entenderé cómo, ni por qué pero ella lo consigue, consigue pegar los pedazos, sin preguntas, sin quejas, sin compasión; su risa siempre dispuesta a contagiarme; sus ojos atentos, negros, expectante, observándome, como si nada más existiera; sus labios, susurrantes, carnosos, rosados, me muerden, me besan, me arrastran; su cuerpo tibio, acompañándome, sobre mí, a mi lado, a unos pasos, nunca demasiado lejos; su viola, gritando a altas horas de la madrugada; su piso, situado en La Rue de la Harpe, pequeño, tan pequeño que no tiene puertas, nada más entrar, la cocina a la izquierda y el salón también, el ventanal, la pared, una cornisa a la izquierda y la habitación, el cuarto de baño y la ducha parecen un armario empotrado más… era minúsculo la primera vez que entré, con ella tomada de la mano; pero ahora, ahora es inmenso, o al menos así me lo parece. ~~~~PARA LEER EL EL RESTO DE LA HISTORIA click EN LA FOTOGRAFÍA
"En su texto, el escritor levanta su hogar. Así como acarrea papeles, libros, lápices y documentos de cuarto en cuarto, así crea el mismo desorden en sus pensamientos. Éstos se vuelven muebles en los que se sumerge, contento o irritable. Los golpea con afecto, los gasta, los mezcla, reacomoda, arruina. Para quien ya no tiene patria, el escribir se transforma en un lugar donde vivir."
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